Irma se desarrolló el 30 de agosto cerca de las islas de Cabo Verde a partir de una onda tropical que se había desplazado de la costa oeste africana dos días antes. Bajo condiciones favorables, Irma se intensificó rápidamente poco después de haberse formado, convirtiéndose en un huracán de categoría 2 apenas 24 horas después de su formación. Se convirtió en un huracán mayor al poco tiempo. Sin embargo, la intensidad comenzó a fluctuar durante los días siguientes debido a la formación del ojo.
El 4 de septiembre Irma se convirtió en un huracán de categoría 5 con vientos de 187 mph (300 km/h), por lo que es el huracán más fuerte del Atlántico desde Félix de la temporada de 2007.
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